El arte de hacer un buen discurso

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Los periodistas trabajan con las palabras y se dirigen a un público determinado. Por eso es tan importante dominar el arte del discurso, sobre todo en una época como la actual donde la comunicación se ha convertido, en tantos aspectos de la vida y sobre todo del trabajo como una herramienta primordial. Pero saber hacer un buen discurso no es un trabajo fácil.

como hacer un buen discurso

Desde tiempos inmemoriales, se han llevado a cabo diferentes maneras de hacer factible lo que se conoce como “Arte del discurso”. Pero, ¿qué es exactamente un discurso? Un discurso es un mensaje que se transmite de forma pública. Podríamos decir que se trata de un evento comunicativo social llevado a cabo a través de diferentes elementos lingüísticos. De hecho, está considerado el mecanismo más efectivo para establecer la comunicación con un determinado público. Por lo tanto, se entiende que siempre debe haber un mínimo vínculo entre el orador y el público, porque el discurso se considera también una forma de interacción.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que a pesar de que se utiliza la palabra “discurso” para definir un mensaje en formato oral, también existe el discurso escrito, que resulta ser todo un arte de escritura que se enseña a profesionales de la comunicación.

Cómo hacer un buen discurso

El origen de los discursos o del arte de hablar en público, se remonta a lo menos en la antigua Grecia, donde los conocidos filósofos “sofistas” ofrecían a los jóvenes de la polis sus enseñanzas lo que se llamaba excelencia o “areté”, que era la técnica que permitía argumentar, dominar el lenguaje, persuadir e incluso mostrar las implicaciones de cualquier cuestión.

Uno de los discursos más recordados es el de Martin Luther King, pronunciado en 1963 ante el monumento a Lincoln y que es recordado por su I Have a dream.

Por lo tanto se podría decir que el discurso, en cierto modo, es un tipo de enseñanza del orador hacia sus oyentes, que pretende persuadir de sus ideas rodeándolos de un argumentario, acompañado de ciertas técnicas lingüísticas para poder conseguir sus objetivos.

Pero hay que tener presente que para que el discurso, ya sea escrito o hablado, sea bueno, debe cumplir los objetivos iniciales que tiene el comunicador mientras la está preparando. Un buen discurso es aquel capaz de pensar con antelación qué quiere conseguir y utilizar todas las herramientas comunicativas disponibles para lograrlo. Es esencial saber qué queremos conseguir con este discurso para que tenga efecto sobre los oyentes o lectores, porque si no en cualquier momento se puede convertir en un mal discurso y pasar a hacer el efecto contrario de lo que queremos conseguir.

Un buen discurso es aquel que conecta con la gente a la que va dirigida, Aquel que se elabora para saber llegar a tu público objetivo, a tu target. No hay que tener muchos objetivos que puedan llegar a dispersar la audiencia, por lo tanto, para ir bien, siempre tendremos que definir previamente lo que queremos.

Aspectos esenciales para hacer un discurso

Hay que saber que para hacer un buen discurso no sólo se tendrán en cuenta los aspectos racionales y lingüísticos. Hoy en día tenemos más claro que nunca que el peso de las emociones en los discursos es mucho más relevante a la hora de convencer y ser recordado que no los argumentos racionales puros. En este sentido, la capacidad de generar empatía y de conseguir que el púbico se identifique con lo que se dice es la tercera pata clave a la hora de hacer un buen discurso.

Por otra parte, no hay que olvidar aspectos esenciales para la construcción de un buen discurso como “la preparación inicial y el ensayo final”, sobre todo cuando lo que hace el discurso no es la misma persona que la ha escrito. Es muy importante que quien redacta este discurso conozca con profundidad la persona que lo verbalizará por ceñirse a su estilo, su tono y su marca personal para que resulte lo más natural posible. Por otra parte, una vez redactado y preparado, siempre es aconsejable un ensayo en voz alta para asegurar los tempos, la velocidad, la respiración y que el énfasis se pone allí donde toca.

Está claro pues que hay que juntar preparación, una idea con fuerza, un objetivo y una predisposición a conectar emocionalmente con tu público. Partiendo de estas premisas clave, no podemos olvidar que en nuestro público siempre le puede gustar escuchar cierta originalidad lingüística. También nos puede resultar clave el tema de la retroalimentación, es decir, el hecho de crear un ambiente de interactividad con los oyentes, que no sólo sea un canal unidireccional y que realmente tu público pueda disfrutar de lo que está escuchando, sintiéndose realmente importante.

Y sobre todo debemos tener en cuenta que un buen discurso puede convertirse en un mal discurso muy fácilmente. Cuando no controlas este discurso y acabas diciendo lo que realmente no quieres decir, y que por tanto pueda llegar a ser interpretado de maneras muy diferentes.

Una habilidad diferencial

Todos estos puntos clave son los que pueden servir a cualquier profesional de la comunicación para hacer un buen discurso. La redacción de discursos es una habilidad diferencial para cualquier perfil que trabaje o quiera trabajar en el departamento de comunicación de una empresa o de una institución con un portavoz que, con más o menos frecuencia, lleve a cabo intervenciones en público.

Actualmente, dentro del mundo empresarial están creciendo, debido a la reciente crisis económica, ciertas inquietudes entre los trabajadores que cada vez necesitan sentirse más valorados, ya no sólo a nivel económico, sino también a nivel emocional, necesitan más motivación por parte de la empresa, para poder sentir una implicación máxima con el puesto de trabajo.

Y aquí es donde entra el arte del discurso aplicado a las empresas: para motivar al máximo a sus trabajadores y obtener mejor rendimiento, los empresarios pueden encontrar como gran aliado el discurso motivacional.

Un buen ejemplo de discurso motivacional hacia los trabajadores lo podemos encontrar en la película El Lobo de Wall Street de Martin Scorsese, donde el personaje principal, Jordan Belfort, consigue crear su propia empresa de bolsa y se hace su propio equipo de gente, a los que da muy a menudo discursos motivacionales para mantenerlos fieles a él y a la empresa. Y la clave de su éxito radica en un concepto muy sencillo: el dominio de la venta. Pero no sólo la venta de productos, sino la venta de emociones, de sueños cumplidos, de objetivos realizados, a través del discurso motivacional a sus trabajadores. Un arma muy eficaz aplicada al arte del discurso para conseguir empatizar con su público.

Como mencionaba Tvetan Todorov en su libro “Las morales de la historia”, dentro el capítulo Manipulación y elocuencia , el arte del discurso, la retórica o el discurso de seducción es normal encontrarlo en toda sociedad democrática o que necesite cierto consenso público entorno a las ideas políticas. Son sociedades donde necesitas publicitar tu producto.

Partiendo de esta afirmación de Todorov, en todos los países democráticos existe alguna forma del arte del discurso, siempre adaptada a las exigencias del público al que va dirigido. Y estas exigencias siempre suelen pasar por tres fases según Todorov: En la primera fase siempre se pide que “reflejamos la verdad en lo que llamamos”; en una segunda etapa, se pide que “se explique bien y de forma razonada el mensaje por el público” con el fin de que la entiendan a la primera. Y en una última etapa, llega la exigencia de la belleza en el discurso que el público pueda empatizar con él, ya que como afirma Todorov, “la verdad de nuestro discurso no llega si no emocionamos al espectador haciéndolo partícipe” . Es aquí cuando el orador se transforma prácticamente en un verdadero actor de teatro según Todorov, ya que el discurso se llena de metáforas.

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